Y si, perdimos, no jugaron tan bien adelante pero fueron hombres honorables.
Y escuchando a Pekerman en la conferencia de prensa.....que grande que es este tipo!
Friday, June 30, 2006
Thursday, June 29, 2006
La verdad...lo merecen tanto
Manana estos chicos que representan a Argentina con Pekerman y su equipo merecen ganar este partido. No analizo los merecimientos de Alemania, deberia talvez, pero sin ningun tipo de nacionalismo (que aborrezco) este trabajo de anios merece un premio. Sino, igual deberiamos celebrar.
Tuesday, June 27, 2006
Padres
La verdad que cada dos por tres leo cosas de este tipo que son geniales.
Padres, en su día
Por Mex Urtizberea
Para LA NACION
“Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista.”
Michael Levine
No parecen correr tiempos fáciles para ser padre.
Constantemente se corre el riesgo de ser citado por el psicólogo de nuestro hijo para decirnos todo lo que hemos hecho mal, o por la maestra para decirnos que no sabemos poner límites, o por un consuegro o consuegra para señalarnos los defectos de nuestra criatura que no supimos corregir a tiempo. O hasta incluso ser interceptados en la cocina por nuestro propio hijo para comunicarnos punto por punto en qué fallamos como padres.
Y lo que es peor es que la mayoría de las veces tienen razón.
No parece nada sencillo ser padre en esta época.
Se puede ser considerado un mal ejemplo por las autoridades si uno intenta enseñarle a respetar la autoridad, pero también a sublevarse ante ella, pues no siempre la autoridad tiene la razón; se puede ser tildado de bohemio si uno intenta enseñarle a valorar las cosas pero sin valorarlas tanto que después no quiera prestarlas, compartirlas, repartirlas, o ser mencionado como un padre demasiado liberal por estar haciendo simplemente lo que corresponde: dar libertad. Pues los hijos pueden ser nuestros, pero las personas no son propiedad de nadie.
Parece complicado ser padre por estos días.
Complicado ser un padre presente sin ser omnipresente; ser paternal sin ser paternalista; ser gracioso sin ser un pesado; ser compañero sin ser un metido; ser generoso sin pasar factura; poder transmitirles un punto de vista sobre el mundo sin imponérselo; estimularlos en lo que les gusta a ellos que no es lo mismo que lo que nos gusta a nosotros.
Y complicado, aunque no imposible, dejar de obligarlos a que estudien inglés y que elijan ellos qué lengua quieren estudiar, permitirles que se queden un rato más en la fiesta en la que se están divirtiendo como nunca, y aceptar que un cuarto desordenado no significa necesariamente que el chico está perdido para siempre.
Una carrera llena de obstáculos es la paternidad.
Somos ni más ni menos que el pasado de nuestros hijos, llevan siempre algo de nosotros, descartan siempre algo de nosotros, imitan algo, heredan algo, conservan algo de nosotros, pero, por lo demás, son personas que construirán su propia vida y, ya sin compromiso, nos amarán o no nos amarán según se hayan sentido o no amados por nosotros.
Definitivamente, parecerían demasiadas las cosas que hay que enseñar como padre. Pero, a lo mejor, sin omnipotencia, pueda descubrirse que no son tantas.
Que busquen ser felices, que repartan la felicidad, que sean todo lo libre que quieran ser, y que sepan que, aunque no lo diga la publicidad, una carta escrita con amor o un mate llevado este domingo a la mañana a la cama es una posibilidad de regalo, como puede serlo un celular o una afeitadora eléctrica.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/814983
Noticias | Opinión | Columnistas | Nota
Padres, en su día
Por Mex Urtizberea
Para LA NACION
“Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista.”
Michael Levine
No parecen correr tiempos fáciles para ser padre.
Constantemente se corre el riesgo de ser citado por el psicólogo de nuestro hijo para decirnos todo lo que hemos hecho mal, o por la maestra para decirnos que no sabemos poner límites, o por un consuegro o consuegra para señalarnos los defectos de nuestra criatura que no supimos corregir a tiempo. O hasta incluso ser interceptados en la cocina por nuestro propio hijo para comunicarnos punto por punto en qué fallamos como padres.
Y lo que es peor es que la mayoría de las veces tienen razón.
No parece nada sencillo ser padre en esta época.
Se puede ser considerado un mal ejemplo por las autoridades si uno intenta enseñarle a respetar la autoridad, pero también a sublevarse ante ella, pues no siempre la autoridad tiene la razón; se puede ser tildado de bohemio si uno intenta enseñarle a valorar las cosas pero sin valorarlas tanto que después no quiera prestarlas, compartirlas, repartirlas, o ser mencionado como un padre demasiado liberal por estar haciendo simplemente lo que corresponde: dar libertad. Pues los hijos pueden ser nuestros, pero las personas no son propiedad de nadie.
Parece complicado ser padre por estos días.
Complicado ser un padre presente sin ser omnipresente; ser paternal sin ser paternalista; ser gracioso sin ser un pesado; ser compañero sin ser un metido; ser generoso sin pasar factura; poder transmitirles un punto de vista sobre el mundo sin imponérselo; estimularlos en lo que les gusta a ellos que no es lo mismo que lo que nos gusta a nosotros.
Y complicado, aunque no imposible, dejar de obligarlos a que estudien inglés y que elijan ellos qué lengua quieren estudiar, permitirles que se queden un rato más en la fiesta en la que se están divirtiendo como nunca, y aceptar que un cuarto desordenado no significa necesariamente que el chico está perdido para siempre.
Una carrera llena de obstáculos es la paternidad.
Somos ni más ni menos que el pasado de nuestros hijos, llevan siempre algo de nosotros, descartan siempre algo de nosotros, imitan algo, heredan algo, conservan algo de nosotros, pero, por lo demás, son personas que construirán su propia vida y, ya sin compromiso, nos amarán o no nos amarán según se hayan sentido o no amados por nosotros.
Definitivamente, parecerían demasiadas las cosas que hay que enseñar como padre. Pero, a lo mejor, sin omnipotencia, pueda descubrirse que no son tantas.
Que busquen ser felices, que repartan la felicidad, que sean todo lo libre que quieran ser, y que sepan que, aunque no lo diga la publicidad, una carta escrita con amor o un mate llevado este domingo a la mañana a la cama es una posibilidad de regalo, como puede serlo un celular o una afeitadora eléctrica.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/814983
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Encontre alguien mas que opina como yo
Talvez seamos varios en realidad pero fue bueno verlo en una carta.
Carta de lectores de La Nacion de hoy
El seleccionado
Señor Director:
"Vivo en Londres desde 1972. Desde entonces, en cada mundial de fútbol el seleccionado argentino ha desplegado una gran y a veces excepcional calidad de juego. Desgraciadamente, en todos los mundiales menos en éste era imposible sentirse orgulloso de nuestro equipo. Prepotentes, gritones, tramposos, nuestro equipo siempre era una metáfora de los peores aspectos del país, un tesoro de oportunidades arruinado por sus propios actos.
"Pero este seleccionado no sólo es excepcional en su desempeño de portivo, sino también en su comportamiento. En nombre de todos los argentinos que queremos un país digno, muchas gracias, señor Pekerman."
Guillermo Gil
11 Alwyne Place
Londres N1
Carta de lectores de La Nacion de hoy
El seleccionado
Señor Director:
"Vivo en Londres desde 1972. Desde entonces, en cada mundial de fútbol el seleccionado argentino ha desplegado una gran y a veces excepcional calidad de juego. Desgraciadamente, en todos los mundiales menos en éste era imposible sentirse orgulloso de nuestro equipo. Prepotentes, gritones, tramposos, nuestro equipo siempre era una metáfora de los peores aspectos del país, un tesoro de oportunidades arruinado por sus propios actos.
"Pero este seleccionado no sólo es excepcional en su desempeño de portivo, sino también en su comportamiento. En nombre de todos los argentinos que queremos un país digno, muchas gracias, señor Pekerman."
Guillermo Gil
11 Alwyne Place
Londres N1
Sunday, June 25, 2006
El equipo para el viernes
Que puedo saber yo desde mi casa en BA respecto al equipo. No se lo que pasa adentro, no conozco los animos, los estados fisicos, no se muchas cosas de alemania.....pero desde mi ignorancia propongo un equipo:
Abondancieri
Burdisso ( si ya esta)
Ayala
Milito
Coloccini
Mascherano
Sorin(Si le da el fisico)
Maxi
Riquelme
Messi
Crespo
Milito juega mejor en defensa y como salida que Heinze que ademas debe estar cansado. Creo que el medio campo deberia tener el refuerzo de sorin que ademas puede llegar y para empezar lo pondria a messi para que corra y pueda combinar con riquelme. Crespo tiene fuerza para empezar contra los alemanes.
Abondancieri
Burdisso ( si ya esta)
Ayala
Milito
Coloccini
Mascherano
Sorin(Si le da el fisico)
Maxi
Riquelme
Messi
Crespo
Milito juega mejor en defensa y como salida que Heinze que ademas debe estar cansado. Creo que el medio campo deberia tener el refuerzo de sorin que ademas puede llegar y para empezar lo pondria a messi para que corra y pueda combinar con riquelme. Crespo tiene fuerza para empezar contra los alemanes.
Saturday, June 24, 2006
Mision cumplida 1- A empezar de nuevo
De acuerdo al pasado reciente, estar en 4tos de final es un objetivo cumplido. De ahora en mas se puede ganar o perder con cualquiera, antes, no se deberia. Ya es un logro. Pero obviamente hay hambre de mas. Y se puede.
Hay que empezar de nuevo. Se formo un equipo pero hay debilidades. Hay actitud y tiempo para trabajar. Ademas, por primera vez el favorito es el otro. Eso es una oportunidad ya que son ellos los que van a estar mas nerviosos. Con orgullo se puede avanzar un paso mas. Se puede ser campeon. Hay hambre suficiente para serlo.
Hay que empezar de nuevo. Se formo un equipo pero hay debilidades. Hay actitud y tiempo para trabajar. Ademas, por primera vez el favorito es el otro. Eso es una oportunidad ya que son ellos los que van a estar mas nerviosos. Con orgullo se puede avanzar un paso mas. Se puede ser campeon. Hay hambre suficiente para serlo.
Thursday, June 22, 2006
Diferencias de equipos
Son sensibles las diferencias entre los EQUIPOS de Argentina y Brasil. En el futbol todo puede pasar y sigo diciendo que Brasil es un peligro pero mientras Argentina esta demostrando una gran solidez como equipo, tanto en el juego como en la convivencia y en el liderazgo de su tecnico, en Brasil dice esto Folha de SP:
Alguns focos de insatisfação na seleção são claros. Pessoas ligadas a Ronaldo reclamam que toda a culpa sobre o desempenho ruim cai nas costas do atacante, enquanto Parreira e seu esquema, que não funciona, são poupados. O camisa 9 e Roberto Carlos foram alguns dos que menos gostaram de o técnico não dar folga ao grupo após a vitória contra a Austrália.
Juninho já disse estar se segurando para não reclamar da sua condição de reserva. Kaká não esconde a insatisfação com a falta de movimentação no ataque. Ronaldinho publicamente reclama do seu posicionamento. Preferia atuar como no Barcelona, mais adiantado.
Ojala se compruebe que es mejor la opcion argentina. Como ejemplo para otras cosas tambien.
Alguns focos de insatisfação na seleção são claros. Pessoas ligadas a Ronaldo reclamam que toda a culpa sobre o desempenho ruim cai nas costas do atacante, enquanto Parreira e seu esquema, que não funciona, são poupados. O camisa 9 e Roberto Carlos foram alguns dos que menos gostaram de o técnico não dar folga ao grupo após a vitória contra a Austrália.
Juninho já disse estar se segurando para não reclamar da sua condição de reserva. Kaká não esconde a insatisfação com a falta de movimentação no ataque. Ronaldinho publicamente reclama do seu posicionamento. Preferia atuar como no Barcelona, mais adiantado.
Ojala se compruebe que es mejor la opcion argentina. Como ejemplo para otras cosas tambien.
Wednesday, June 21, 2006
Brasil sigue favorito
Talvez se esta dando lo contrario a lo que decia hace unos dias. Ganan pero no gustan. Jugando mal ganan bastante tranquilo. Esta bien que no jugaron contra nadie hasta ahora. Pero eso los hace peligrosos. Si se despiertan ahora, son mas temibles que nunca. Ademas cualquier individualidad hace un gol hasta jugando mal. Era mejor tenerlos agrandandados cuando llegasen los partidos dificiles.
Sunday, June 18, 2006
Simpatia Brasil
Es que son unos genios. Verles la cara y la onda antes de salir a a la cancha.
Si no fuera por la rivalidad y porque con nosotros no son nada simpaticos.
Serian queribles!
Si no fuera por la rivalidad y porque con nosotros no son nada simpaticos.
Serian queribles!
Friday, June 16, 2006
Carlitos y el equipo
Gran victoria y juego que ya analizaran los que saben. Solo espero que no se agranden (mas que nada la presion del agrande del periodismo porque estoy seguro que Pekerman no dejaria que se agranden nunca). Seguro es una inyeccion de que saben que quieren. No importa lo que pase ante Holanda.
Volviendo a Carlitos....que carisma! Me dio la sensacion que su gol fue casi el mas festejado (todo el banco salio a abrazarlo). Y que gol hizo...cano...pierna fuerte....definicion perfecta....Creo que es alguien que da mucha alegria y buena onda a todos.
Juntarlos a todos...aunque fueramos ganando..permite sonar con futbol bien jugado.
Volviendo a Carlitos....que carisma! Me dio la sensacion que su gol fue casi el mas festejado (todo el banco salio a abrazarlo). Y que gol hizo...cano...pierna fuerte....definicion perfecta....Creo que es alguien que da mucha alegria y buena onda a todos.
Juntarlos a todos...aunque fueramos ganando..permite sonar con futbol bien jugado.
Doble 5!
Pensaba escribirlo ayer y hoy parece que es con "el diario de ayer" pero bien vale el comentario. El otro dia, Cambiaso jugo pesimo, pero no jugo de doble 5 verdaderamente. Mascherano jugaba solo adelante de los 4 zagueros (demasiado cerca de ellos en realidad). Porque lo aclaro? Porque todos se llenaron la boca de que la entrada de lucho cambiaria ese esquema. Que paso, lucho se lesiono y entro Cambiaso de nuevo...y, si siguieramos el razonamiento anterior, el doble 5 esta vez funciono......no sera que nunca hubo doble 5 verdaderamente? Cuando hoy entro Cambiasso todos se preguntaban como jugarian...es mas...antes se decia que esta vez Riquelme jugaria de verdadero enganche...el otro dia no?
En fin, pavadadas que la gente repite por ahi....que diran ahora con el 6 a 0?
En fin, pavadadas que la gente repite por ahi....que diran ahora con el 6 a 0?
Tuesday, June 13, 2006
Brasil en el mundial
Hoy debuta Brasil. El mundo esta pendiente. ACa, en general, no nos gustaria que ganen de vuelta el mundial. Seria demasiado para nuestro ego!
Ahora bien, escuchando los comentarios de la gente previos a este partido digo: Sabiendo que es imposible que no pasen la primera rueda.....(no se puede creer la disparidad entre grupos)....lo mejor seria que ganen los 3 partidos por goleada. Asi, llegan bien agrandandados a los play offs y ahi, confiados, pierden con algun equipo bien parado. Si perdieran hoy, se darian cuenta que tienen que mejorar y no estan tan confiados. En fin, especulaciones.
Ahora bien, escuchando los comentarios de la gente previos a este partido digo: Sabiendo que es imposible que no pasen la primera rueda.....(no se puede creer la disparidad entre grupos)....lo mejor seria que ganen los 3 partidos por goleada. Asi, llegan bien agrandandados a los play offs y ahi, confiados, pierden con algun equipo bien parado. Si perdieran hoy, se darian cuenta que tienen que mejorar y no estan tan confiados. En fin, especulaciones.
Sunday, June 11, 2006
ArgentinaxCote d'ivoire
Podran decirse muchas cosas (Excelente Juan Pablo Varsky y su "jucio" a Riquelme) pero se gano un partido muy dificil. Ellos son muy buenos, pero inocentes. Ganar un partido asi ayuda al grupo. La verdad, me parece mejor empezar asi que con una actuacion super convincente que te hace llegar al proximo partido agrando. Mejor que sigan preocupados en mejorar. QUe esten concentrados. Y que Tevez y Messi tengan mucho hambre. Se empezo muy bien.
Friday, June 09, 2006
Argentina gana el mundial
La verdad, los pronosticos solo existen para los fanaticos y para la prensa que no tiene otra cosa de que escribir. Nadie puede anticipar porque en 90 minutos y penales puede pasar cualquier cosa...como que Argentina haya llegado a la final del 90 con dezoti, monzon y cia.
Hecha la aclaracion dire que pienso que Argentina puede ganar. Pekerman siempre lo hizo, calladito, con buen trabajo de equipo, con humildad y sin estrellas y estrellismos. Tiene todo para ganar. Y lo merece el y sus jugadores.
Hecha la aclaracion dire que pienso que Argentina puede ganar. Pekerman siempre lo hizo, calladito, con buen trabajo de equipo, con humildad y sin estrellas y estrellismos. Tiene todo para ganar. Y lo merece el y sus jugadores.
Thursday, June 01, 2006
Politicamente incorrecto
En el camino de vuelta de ezeiza, luego de estar 3 semanas en Londres, nos miramos con May, mi mujer y, mas alla de lo lindo que es volver al hogar de uno, nos dimos cuenta que toda esta realidad que nos rodea, no nos daba ningun gusto volver a BA.
Me encantaria que fuera distinto, pero es asi....
Cambiando de tema, solo relacionado con el tema por estar Inglaterra en el medio, hoy tambien pensaba que si nadie me votaria si dijera que para mi no hay que luchar por las Islas Malvinas. La verdad que no me parece algo importante y en definitiva sus habitantes no quieren ser Argentinos tampoco. Lo que si haria es indemnizar muy bien a todos aquelos no militares que fueron enviados a sufrir y morir alli.
Definitivamente, no seria politicamente correcto.
Me encantaria que fuera distinto, pero es asi....
Cambiando de tema, solo relacionado con el tema por estar Inglaterra en el medio, hoy tambien pensaba que si nadie me votaria si dijera que para mi no hay que luchar por las Islas Malvinas. La verdad que no me parece algo importante y en definitiva sus habitantes no quieren ser Argentinos tampoco. Lo que si haria es indemnizar muy bien a todos aquelos no militares que fueron enviados a sufrir y morir alli.
Definitivamente, no seria politicamente correcto.
Thursday, May 04, 2006
hijo....
Como evitar ser un padre gaga y hablar de las "maravillas" que hace un hijo?
Como evitar recordar que un dia con 1 anio y medio puede llamar a la mama, pedirle que la acompane hasta una ventana apaisada del primer piso, senalarle la luna en el cielo y sentarse a contemplarla?
Como no reirse cuando desayunando con el papa, mientras el mismo lee el diario, al dar vuelta una pagina de golpe el hijo empieza a gritar haa..haa y hacer movimientos con la mano......habia visto una gran foto de un tenista y estaba haciendo los movimientos de tenis junto con el caracteristico grito de los jugadores que ve en la television.....mientras que luego decia..papa!!!!
genial..y si...muy padre baboso y gaga!!!
Como evitar recordar que un dia con 1 anio y medio puede llamar a la mama, pedirle que la acompane hasta una ventana apaisada del primer piso, senalarle la luna en el cielo y sentarse a contemplarla?
Como no reirse cuando desayunando con el papa, mientras el mismo lee el diario, al dar vuelta una pagina de golpe el hijo empieza a gritar haa..haa y hacer movimientos con la mano......habia visto una gran foto de un tenista y estaba haciendo los movimientos de tenis junto con el caracteristico grito de los jugadores que ve en la television.....mientras que luego decia..papa!!!!
genial..y si...muy padre baboso y gaga!!!
Monday, May 01, 2006
Transporte en la ciudad
Genial vision acerca del proyecto de transporte planificado.
Por Hugo Caligaris en La Nacion del domingo 30 de abril.
Debemos darle a la gente una alternativa atractiva de transporte público masivo de superficie, que funcione bien, circule rápido y sea seguro."
(Del diputado porteño Alberto Pérez, quien acaba de presentar un proyecto para agilizar el tránsito en el centro de la ciudad de Buenos Aires.)
Ultimamente, veníamos notando que el tránsito por el centro se había puesto un poco complicado. Creíamos percibir que un viajecito cualquiera, que antes tardaba hora y media, dos horas, llegaba ahora a las tres horas. ¿Sería un delirio, un espejismo? ¡Por suerte, no: ahí está el proyecto del diputado Pérez para demostrarlo!
El trabajo del legislador ha sido minucioso y admirable. Primero, ha identificado con claridad, casi a la manera de Bill Clinton, la raíz del problema: "¡Son los autos, estúpidos!", nos dice, con la euforia y la alegría de quien descubre América. Son los autos, no los piquetes, las marchas, las demostraciones, las sentadas de escolares, los colectiveros atravesados en la Plaza de Mayo, los artesanos furiosos por el aumento de la resina ni los sastres dispuestos a acampar en la avenida Córdoba si no les agrandan el ojo de la aguja.
Al diagnóstico ("son los autos") sigue la cura. El diputado Pérez ha ideado lo que consideramos la fórmula perfecta para que a ningún automovilista se le ocurra volver a manejar por el Centro. Según el plano que él mismo entregó a LA NACION, se crearán seis categorías: avenidas exclusivas para colectivos y taxis, calles exclusivas para colectivos, otras calles y avenidas con carriles "preferenciales", otras con carriles exclusivos para colectivos, otras con "contracarriles" exclusivos, en sentido contrario al general de la arteria, y otras mixtas, por las que sí podrán circular vehículos particulares. En el mapa, la 9 de Julio está pintada de verde, lo que significa que será exclusiva para transporte público, pero sólo hasta Santa Fe. Desde allí, mágicamente pasará a ser mixta. Los autos no podrán circular por Callao ni por Pueyrredón desde Rivadavia hasta Santa Fe. Después sí. Viamonte, Lavalle y Piedras serán sólo para los colectiveros, no así Chacabuco, mixta. Sólo alguien dotado de una memoria prodigiosa podría retener el complicado esquema y evitar, de ese modo, las multas. Por lo tanto, todos irán al centro caminando y López será llevado en andas camino del Bajo por una multitud agradecida.
Por Hugo Caligaris en La Nacion del domingo 30 de abril.
Debemos darle a la gente una alternativa atractiva de transporte público masivo de superficie, que funcione bien, circule rápido y sea seguro."
(Del diputado porteño Alberto Pérez, quien acaba de presentar un proyecto para agilizar el tránsito en el centro de la ciudad de Buenos Aires.)
Ultimamente, veníamos notando que el tránsito por el centro se había puesto un poco complicado. Creíamos percibir que un viajecito cualquiera, que antes tardaba hora y media, dos horas, llegaba ahora a las tres horas. ¿Sería un delirio, un espejismo? ¡Por suerte, no: ahí está el proyecto del diputado Pérez para demostrarlo!
El trabajo del legislador ha sido minucioso y admirable. Primero, ha identificado con claridad, casi a la manera de Bill Clinton, la raíz del problema: "¡Son los autos, estúpidos!", nos dice, con la euforia y la alegría de quien descubre América. Son los autos, no los piquetes, las marchas, las demostraciones, las sentadas de escolares, los colectiveros atravesados en la Plaza de Mayo, los artesanos furiosos por el aumento de la resina ni los sastres dispuestos a acampar en la avenida Córdoba si no les agrandan el ojo de la aguja.
Al diagnóstico ("son los autos") sigue la cura. El diputado Pérez ha ideado lo que consideramos la fórmula perfecta para que a ningún automovilista se le ocurra volver a manejar por el Centro. Según el plano que él mismo entregó a LA NACION, se crearán seis categorías: avenidas exclusivas para colectivos y taxis, calles exclusivas para colectivos, otras calles y avenidas con carriles "preferenciales", otras con carriles exclusivos para colectivos, otras con "contracarriles" exclusivos, en sentido contrario al general de la arteria, y otras mixtas, por las que sí podrán circular vehículos particulares. En el mapa, la 9 de Julio está pintada de verde, lo que significa que será exclusiva para transporte público, pero sólo hasta Santa Fe. Desde allí, mágicamente pasará a ser mixta. Los autos no podrán circular por Callao ni por Pueyrredón desde Rivadavia hasta Santa Fe. Después sí. Viamonte, Lavalle y Piedras serán sólo para los colectiveros, no así Chacabuco, mixta. Sólo alguien dotado de una memoria prodigiosa podría retener el complicado esquema y evitar, de ese modo, las multas. Por lo tanto, todos irán al centro caminando y López será llevado en andas camino del Bajo por una multitud agradecida.
Futbol y mundial 2006
Tengo sentimientos encontrados
No tengo dudas que dados los episodios de violencia que se suceden en cada fecha de partidos de campeonato deberia dejar de jugarse al futbol hasta que se tomen las decisiones que impidan esos acontecimientos de violencia. Como eso no va a pasar, no me gustaria que el equipo argentino ganara el mundial de junio. Creo que taparia toda esta realidad (mas la realidad social en general)Seria un premio a un futbol que no puede controlarse.
Por otra parte me encantaria que ganaran porque seria un justo premio al trabajo de alguien que no parece argentino por su forma de actuar: Jose Pekerman. Si pierde todos lo culparan y no se podra valorar todo su ejemplo.
No tengo dudas que dados los episodios de violencia que se suceden en cada fecha de partidos de campeonato deberia dejar de jugarse al futbol hasta que se tomen las decisiones que impidan esos acontecimientos de violencia. Como eso no va a pasar, no me gustaria que el equipo argentino ganara el mundial de junio. Creo que taparia toda esta realidad (mas la realidad social en general)Seria un premio a un futbol que no puede controlarse.
Por otra parte me encantaria que ganaran porque seria un justo premio al trabajo de alguien que no parece argentino por su forma de actuar: Jose Pekerman. Si pierde todos lo culparan y no se podra valorar todo su ejemplo.
Tuesday, April 25, 2006
Discurso Tomas Eloy Martinez
La verdad que me parecio genial y apropiado. Lastima que tenga poca repercusion. Es mas, hasta lei criticas en otros blogs porque para el escritor "es facil opinar cuando se fue a vivir a otro pais para ganar mas plata". Coincido! CULPABLE! Culpable de buscar la felicidad. De hacer lo que mas le gusta. DE ser inteligente. De decir lo que piensa creyendo que puede ayudar a otros........
“El libro y no la espada fue lo que creó el país”
El siguiente es el texto completo del discurso con el que el escritor argentino Tomás Eloy Martínez dejó inaugurada ayer la 32a. Feria Internacional del Libro. En su mensaje, el autor de “Santa Evita” lamentó la ausencia del presidente de la Nación, Néstor Kirchner
Antes aun de que aprendiera a leer, cuando me esforzaba por desentrañar el significado que ocultaban las formas de las letras, le formulé a mi padre una pregunta que él me repitió poco antes de morir, porque en su momento no la supo contestar, como yo tampoco sabría hacerlo ahora: ¿somos nosotros quienes creamos las palabras que nombran las cosas de la realidad o las cosas nacen de las palabras que las nombran? Los filósofos y semiólogos han respondido de muchas maneras a esa cuestión que acabo de formular tan torpemente como en la infancia, pero la duda nunca dejó de estar ahí. Sé –al menos, eso sé– que avanzamos en la selva de lo desconocido asociando palabras. Leemos para imaginar. Leemos para aprender cómo es la respiración del mundo. Y, a veces, también leemos para descubrir que el mundo no respira como imaginábamos, sino de otra manera. Todo y todos somos, a cada instante, otros. Si no supiéramos leer, tampoco sabríamos pensar. Escribir viene después. La escritura es la envidia sana de la lectura o, más bien, el deseo de prolongar la lectura indefinidamente. Alguna vez he contado que escribí mi primer relato a los nueve o diez años, para salvarme de la prohibición de leer que mis padres me impusieron como castigo durante un mes por un delito de desobediencia. Pero aquello que escribí era sólo un resumen de lo que había leído, un magma en el que el mundo no era como era, sino como a mí me parecía que debía ser. Tiempo después, leyendo a Walter Benjamin, aprendí que hay cierta ansiedad en todo narrador por ser otro, por estar en otros: "Narrar no sólo es significativo porque nos permite asumir o dibujar un destino ajeno, que a la vez nos educa -dice Benjamin-. Es significativo porque ese destino ajeno, gracias a la fuerza de la llama que lo consume, nos transfiere el calor que jamás obtenemos de nuestro propio destino". En las ficciones somos lo que soñamos y lo que hemos vivido, y a veces somos también lo que no nos hemos atrevido a soñar y no nos hemos atrevido a vivir. Las ficciones son nuestra rebelión, el emblema de nuestro coraje, la esperanza en un mundo que puede ser creado por segunda vez o que puede ser creado infinitamente dentro de nosotros. El primer libro completo que leí en mi vida fue una colección de cuentos de los hermanos Grimm, de la editorial Molino, con unas ilustraciones que acentuaban el terror de aquellas historias melancólicas, en las que nada nunca se lograba por completo, ni la felicidad ni la derrota del mal. Más tarde, entre los siete y los nueve años, me convertí en un devoto sin remedio de las novelas de Alejandro Dumas y de Julio Verne. Cada vez que he tenido en la vida una situación de desesperanza -y vaya si las he tenido: enfermedades, exilio, pérdida de personas amadas-, volví a esos libros de la infancia para que me devolvieran la fe en que todo regresa, de una manera u otra: todo puede ser recuperado. Así, he releído por lo menos cuatro veces dos novelas de construcción perfecta, El conde de Montecristo y La reina Margot, a las que sigo buscándoles en vano los lunares de arquitectura que no tienen. En la adolescencia, los bibliotecarios me parecían extensiones de Dios, herederos de un saber inagotable. Todas las mañanas iba en busca de libros a la biblioteca Sarmiento de Tucumán, cien metros al norte de la Casa de la Independencia, y mientras devolvía los préstamos del día anterior les pedía consejo sobre las lecturas siguientes. Gracias a ellos, alcancé, entre los once y los dieciocho años, el inolvidable conocimiento de Heródoto, de los diálogos de Platón; leí el Edipo rey de Sófocles, las seis grandes tragedias de Shakespeare, los poemas de Góngora y de Quevedo, las Novelas ejemplares de Cervantes y, por supuesto, el Quijote. Por las noches, nos bañábamos con mis amigos en las aguas purificadoras de la poesía más nueva. Atravesábamos como poseídos los mares de lágrimas de César Vallejo para subir después a las montañas de Neruda, o bajar hacia los valles de Rilke, de Mallarmé, de Baudelaire, de Cernuda, como si las voces del mundo fueran en verdad una sola voz inagotable. En el invierno de mis trece años me enfermé de una tuberculosis imaginaria por identificarme con los personajes de La montaña mágica, de Thomas Mann. Poco después, las ficciones de Faulkner me produjeron insomnios recurrentes. Uno de los visitantes de la biblioteca me recomendó entonces que leyera El proceso, de Franz Kafka, porque nadie podía, según me dijo, resistir el sopor del primer capítulo. El falso remedio agravó mi enfermedad. Apenas puse un pie dentro de Kafka, entré en un laberinto del que no he salido todavía, yendo de La metamorfosis a La condena y de El castillo a la Carta al padre. Y, por supuesto, en las orillas de esos sistemas solares estaba Borges, construyendo dentro de mí su propia galaxia. Somos, así, los libros que hemos leído. O somos, de lo contrario, el vacío que la ausencia de libros ha abierto en nuestras vidas. Todas las grandes culturas se han creado en torno de un libro sacramental: ya sea el Pentateuco, la Torah, los Evangelios, el Shu y el Yi de Confucio, el Buddhavacana canónico de los budistas, el Chilam Balam y el Popol Vuh de la América anterior a Colón. Algunas pocas naciones han tenido también la fortuna de ser proyectadas y organizadas por grandes hombres para los cuales el libro era un artículo de fe. Nuestra nación argentina es hija de ese privilegio. Desde mediados del siglo XIX, letrados como Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre, Dalmacio Vélez Sarsfield y Nicolás Avellaneda, entre tantos otros, pensaron con pasión en el país que querían para las generaciones sucesivas. Infinitas veces disintieron en los detalles y polemizaron con acritud, pero las prioridades del modelo argentino fueron, para todos, siempre las mismas: la salud, la educación, la igualdad ante la ley, la modernidad, la apertura de las puertas a la inmigración europea, que entonces era aluvional. Hacia 1850, Sarmiento inició una de las más admirables revoluciones pacíficas del siglo, un torbellino comparable a la marcha de la sal de Gandhi ochenta años más tarde. Lo que propuso Sarmiento fue crear otra vez el país, pero a partir del libro, apagar con civilización los fuegos de la pasada barbarie. "Para tener paz en la República Argentina -escribió- es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, darles a todos lo mismo, para que todos sean iguales." De ese principio nació la ley de educación común, gratuita, laica y obligatoria, que abriría en la Argentina las puertas a la movilidad social, permitiría la expansión de la clase media y sería la fuente de la grandeza que este país alcanzó antes de 1930. En esa tradición crecimos y nos educamos. Y por esa tradición seguimos creyendo, durante tanto tiempo, que el país sería siempre mejor. Sarmiento puso su obstinación indomable en lograr la sanción de aquella ley. Tropezó durante décadas contra la oposición férrea de la Sociedad de Beneficencia, que regía la educación pública con fondos del Estado. Lo consiguió una década después de abandonar la presidencia de la República, en 1884. Tenía 73 años y le faltaban cuatro para morir. Una Feria del Libro estaba entonces más allá de los sueños de cualquiera de aquellos titanes. Ninguno de ellos habría estado ausente en una ceremonia que recuerda, año tras año, que está nación fue creada no por la espada sino por el libro: la civilización en el desierto infinito dejado por la barbarie. América latina entera se miró durante décadas en el espejo de nuestros libros: en los que escribíamos y en los que publicábamos. Recuerdo cuánto le admiraba a Gabriel García Márquez, en el invierno de 1967, que las librerías de Buenos Aires estuvieran abiertas hasta altas horas de la noche y que las amas de casa regresaran de los mercados con libros que se compraban como artículos de primera necesidad, junto con las lechugas y el pan de los almuerzos. Dondequiera que fui después en América latina, me encontré con hombres y mujeres que debían su formación a los libros y revistas de la Argentina. Tanto en Barranquilla como en La Habana o en Guadalajara y en Panamá, los libreros ni siquiera tenían tiempo de deshacer los paquetes que les llegaban desde Buenos Aires, porque los lectores se precipitaban ansiosos sobre aquellos volúmenes que les iluminaban el mundo. Los tiempos son ahora otros, y la miseria ocupa en muchos hogares el lugar que tenía antes el conocimiento. Las batallas de estos tiempos de globalización no se libran ya para conquistar nuevos lectores o para crearlos, sino para que el mercado no los deseduque, para que los lectores no pierdan la costumbre de ver el libro como un modo de verse también a sí mismos. Junto con océanos de informaciones por procesar y de libros por leer, la globalización ha engendrado a la vez abismos de desigualdad que antes eran imposibles de imaginar, porque lo que se globaliza es el mercado, no las personas. Una quinta parte de la población del mundo sigue sin tener acceso a forma alguna de educación, y más de los tres quintos restantes no pueden comprar libros, porque la comida, la vivienda y la ropa están primero en la lista básica de las familias y, con frecuencia, lo que se gana ni siquiera alcanza para eso. Mil quinientos millones de personas carecen hoy de agua potable y más de mil millones viven hacinadas en casas miserables, indignas de la condición humana. Mil millones de personas no saben leer ni escribir. En la Argentina, la educación obligatoria de Sarmiento es ahora una utopía más inalcanzable de lo que era hace siglo y medio. Innumerables chicos siguen sin poder ir a la escuela porque tienen que ayudar a ganar el pan de sus padres, y los que van no lo hacen para aprender sino para comer, porque a muchos de ellos la escuela les ofrece la única comida del día. Aun con recursos inferiores a los que harían falta, desde el Ministerio de Educación se ha emprendido ahora una campaña esperanzadora, tendiente a que cada niño tenga un libro. Sólo en 2005 se han invertido en esa campaña más de cien millones de pesos. Es apenas el comienzo, pero un comienzo mucho más luminoso que el páramo sin salida de las décadas anteriores, cuando, en vez de estimular la lectura, los libros se quemaban, ya fuera en las piras reales que se encendieron en algunos cuarteles, ya en las piras simbólicas de los años 90, cuando las bibliotecas fueron sustituidas por una larga fiesta analfabeta. Sería injusto no advertir la diferencia. Lamento que una agenda colmada de compromisos (supongo) no le haya permitido al presidente de la República estar ahora con nosotros, porque si bien han llegado hasta aquí algunos miembros de su gabinete, hay muy pocos actos, cada año, en que la presencia del jefe del Estado es insustituible. El de hoy es uno de esos actos, porque así lo enseñan la tradición y el destino de los argentinos. Esta celebración del libro tiene que ver con la nación que fuimos, pero, sobre todo, con la nación que queremos volver a ser: una nación de iguales, en la que todos tengan el mismo derecho a educarse y a vivir dignamente. "Las escuelas son la democracia", escribió Sarmiento. Fuimos fundados por el libro, no por la espada: lo repito. Fueron los libros los que inspiraron a Moreno, a Belgrano, a Sarmiento. La espada desbrozó el camino, pero el libro creó el camino. Sin el libro, ¿hacia qué clase de nación estaríamos yendo? ¿Sobre qué valores estaríamos construyendo los años por venir? Cuando el poder no lee, el poder no piensa. Las dictaduras militares se negaron a leer. Como los comandantes no leían, lo único que los afectaba era lo que oían. Y, por lo general, oían lo que querían. Con el poder iletrado, no hay diálogo posible: sólo obediencia y monosílabos. Después, durante los años en los que el país fue sometido a un voraz remate, el acto de pensar se volvió ineficaz e inútil. Para prosperar, ya no era preciso leer: es decir, no hacía falta pensar. Se impuso el hábito de la discusión frívola. En vez de debatir ideas, se debatían actos de viveza. ¡Cuánto nos ha costado salir de ese pantano en el que estábamos estancados, huérfanos del libro! ¡Cuánto puede costarnos todavía encontrar un proyecto de nación que nos una a todos! ¡Y qué difícil va a ser lograrlo si no entendemos, como tempranamente lo entendió Sarmiento, que educar al pueblo en la verdadera democracia es permitir que todos aprendan lo mismo para que, al menos en el caudal de oportunidades, todos sean iguales! El libro regresa ahora a lo que era en sus orígenes: una voz común que vamos creando día tras día. El conocimiento humano ha ido avanzado desde las narraciones en las cavernas a las discusiones en el ágora, y desde los manuscritos de los monjes y de los cortesanos a los tipos móviles de Gutenberg, y desde allí otra vez al ágora en la que todos participamos, a través de construcciones colectivas en la Red, como Wikipedia, esa inacabable enciclopedia a la que todas las culturas entregan su aportes, a través de weblogs o de novelas y poemas que se componen a cien manos. Ahora, como en el pasado, estamos escribiendo entre todos el infinito libro de la especie humana. Pero el libro tal como lo conocemos, es decir, el objeto rectangular de cartón o tela o cuero, dentro del cual hay hojas de papel cubiertas de signos, perdurará y prevalecerá durante mucho tiempo todavía, porque siempre habrá alguien que prefiera una relación de intimidad con un autor de esa manera, a través de las páginas que van cobrando vida mientras se abren. Sea cual fuere la forma que asuma, "la inextinguible voz humana sigue hablando", tal como lo dijo William Faulkner en su discurso del premio Nobel. "La inextinguible voz humana no sólo perdurará, sino también prevalecerá, porque tiene un alma que se expresa en el libro, un espíritu capaz de compasión, y de sacrificio, y de persistencia." El libro es como el agua. Se le imponen cerrojos y diques, pero siempre termina abriéndose paso. La adversidad parece fortalecerlo. Aun en los peores tiempos, las ideas que después se transformaron en palabras han soslayado las censuras y las mordazas para cantar cuatro verdades y seguir siendo incorruptibles e insumisas cuando a su alrededor todos callan, se someten y se corrompen. Ni el odio de los bárbaros ni la intolerancia de los injustos han podido destruir el libro, porque su memoria es también la memoria de la especie humana. He dicho ya que esta nación es hija del libro antes que hija de sus batallas. Es hija del mandato que Sarmiento dejó hace siglo y medio, "Las escuelas son la democracia", gracias al cual, aun en medio del infortunio, mantuvimos en alto la memoria de nuestra pasada dignidad y la certeza de que tarde o temprano íbamos a recuperarla. El libro nos ha salvado. Salvemos ahora nosotros al libro de la indiferencia de los que mandan, de la ceguera de los que creen que es posible vivir sin él, de la estupidez de los que imaginaron que acabarían con él quemándolo o prohibiéndolo. Salvemos al libro, porque en el libro ha estado siempre lo mejor de nosotros. © LA NACION Por Tomás Eloy Martínez Para LA NACION
“El libro y no la espada fue lo que creó el país”
El siguiente es el texto completo del discurso con el que el escritor argentino Tomás Eloy Martínez dejó inaugurada ayer la 32a. Feria Internacional del Libro. En su mensaje, el autor de “Santa Evita” lamentó la ausencia del presidente de la Nación, Néstor Kirchner
Antes aun de que aprendiera a leer, cuando me esforzaba por desentrañar el significado que ocultaban las formas de las letras, le formulé a mi padre una pregunta que él me repitió poco antes de morir, porque en su momento no la supo contestar, como yo tampoco sabría hacerlo ahora: ¿somos nosotros quienes creamos las palabras que nombran las cosas de la realidad o las cosas nacen de las palabras que las nombran? Los filósofos y semiólogos han respondido de muchas maneras a esa cuestión que acabo de formular tan torpemente como en la infancia, pero la duda nunca dejó de estar ahí. Sé –al menos, eso sé– que avanzamos en la selva de lo desconocido asociando palabras. Leemos para imaginar. Leemos para aprender cómo es la respiración del mundo. Y, a veces, también leemos para descubrir que el mundo no respira como imaginábamos, sino de otra manera. Todo y todos somos, a cada instante, otros. Si no supiéramos leer, tampoco sabríamos pensar. Escribir viene después. La escritura es la envidia sana de la lectura o, más bien, el deseo de prolongar la lectura indefinidamente. Alguna vez he contado que escribí mi primer relato a los nueve o diez años, para salvarme de la prohibición de leer que mis padres me impusieron como castigo durante un mes por un delito de desobediencia. Pero aquello que escribí era sólo un resumen de lo que había leído, un magma en el que el mundo no era como era, sino como a mí me parecía que debía ser. Tiempo después, leyendo a Walter Benjamin, aprendí que hay cierta ansiedad en todo narrador por ser otro, por estar en otros: "Narrar no sólo es significativo porque nos permite asumir o dibujar un destino ajeno, que a la vez nos educa -dice Benjamin-. Es significativo porque ese destino ajeno, gracias a la fuerza de la llama que lo consume, nos transfiere el calor que jamás obtenemos de nuestro propio destino". En las ficciones somos lo que soñamos y lo que hemos vivido, y a veces somos también lo que no nos hemos atrevido a soñar y no nos hemos atrevido a vivir. Las ficciones son nuestra rebelión, el emblema de nuestro coraje, la esperanza en un mundo que puede ser creado por segunda vez o que puede ser creado infinitamente dentro de nosotros. El primer libro completo que leí en mi vida fue una colección de cuentos de los hermanos Grimm, de la editorial Molino, con unas ilustraciones que acentuaban el terror de aquellas historias melancólicas, en las que nada nunca se lograba por completo, ni la felicidad ni la derrota del mal. Más tarde, entre los siete y los nueve años, me convertí en un devoto sin remedio de las novelas de Alejandro Dumas y de Julio Verne. Cada vez que he tenido en la vida una situación de desesperanza -y vaya si las he tenido: enfermedades, exilio, pérdida de personas amadas-, volví a esos libros de la infancia para que me devolvieran la fe en que todo regresa, de una manera u otra: todo puede ser recuperado. Así, he releído por lo menos cuatro veces dos novelas de construcción perfecta, El conde de Montecristo y La reina Margot, a las que sigo buscándoles en vano los lunares de arquitectura que no tienen. En la adolescencia, los bibliotecarios me parecían extensiones de Dios, herederos de un saber inagotable. Todas las mañanas iba en busca de libros a la biblioteca Sarmiento de Tucumán, cien metros al norte de la Casa de la Independencia, y mientras devolvía los préstamos del día anterior les pedía consejo sobre las lecturas siguientes. Gracias a ellos, alcancé, entre los once y los dieciocho años, el inolvidable conocimiento de Heródoto, de los diálogos de Platón; leí el Edipo rey de Sófocles, las seis grandes tragedias de Shakespeare, los poemas de Góngora y de Quevedo, las Novelas ejemplares de Cervantes y, por supuesto, el Quijote. Por las noches, nos bañábamos con mis amigos en las aguas purificadoras de la poesía más nueva. Atravesábamos como poseídos los mares de lágrimas de César Vallejo para subir después a las montañas de Neruda, o bajar hacia los valles de Rilke, de Mallarmé, de Baudelaire, de Cernuda, como si las voces del mundo fueran en verdad una sola voz inagotable. En el invierno de mis trece años me enfermé de una tuberculosis imaginaria por identificarme con los personajes de La montaña mágica, de Thomas Mann. Poco después, las ficciones de Faulkner me produjeron insomnios recurrentes. Uno de los visitantes de la biblioteca me recomendó entonces que leyera El proceso, de Franz Kafka, porque nadie podía, según me dijo, resistir el sopor del primer capítulo. El falso remedio agravó mi enfermedad. Apenas puse un pie dentro de Kafka, entré en un laberinto del que no he salido todavía, yendo de La metamorfosis a La condena y de El castillo a la Carta al padre. Y, por supuesto, en las orillas de esos sistemas solares estaba Borges, construyendo dentro de mí su propia galaxia. Somos, así, los libros que hemos leído. O somos, de lo contrario, el vacío que la ausencia de libros ha abierto en nuestras vidas. Todas las grandes culturas se han creado en torno de un libro sacramental: ya sea el Pentateuco, la Torah, los Evangelios, el Shu y el Yi de Confucio, el Buddhavacana canónico de los budistas, el Chilam Balam y el Popol Vuh de la América anterior a Colón. Algunas pocas naciones han tenido también la fortuna de ser proyectadas y organizadas por grandes hombres para los cuales el libro era un artículo de fe. Nuestra nación argentina es hija de ese privilegio. Desde mediados del siglo XIX, letrados como Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre, Dalmacio Vélez Sarsfield y Nicolás Avellaneda, entre tantos otros, pensaron con pasión en el país que querían para las generaciones sucesivas. Infinitas veces disintieron en los detalles y polemizaron con acritud, pero las prioridades del modelo argentino fueron, para todos, siempre las mismas: la salud, la educación, la igualdad ante la ley, la modernidad, la apertura de las puertas a la inmigración europea, que entonces era aluvional. Hacia 1850, Sarmiento inició una de las más admirables revoluciones pacíficas del siglo, un torbellino comparable a la marcha de la sal de Gandhi ochenta años más tarde. Lo que propuso Sarmiento fue crear otra vez el país, pero a partir del libro, apagar con civilización los fuegos de la pasada barbarie. "Para tener paz en la República Argentina -escribió- es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, darles a todos lo mismo, para que todos sean iguales." De ese principio nació la ley de educación común, gratuita, laica y obligatoria, que abriría en la Argentina las puertas a la movilidad social, permitiría la expansión de la clase media y sería la fuente de la grandeza que este país alcanzó antes de 1930. En esa tradición crecimos y nos educamos. Y por esa tradición seguimos creyendo, durante tanto tiempo, que el país sería siempre mejor. Sarmiento puso su obstinación indomable en lograr la sanción de aquella ley. Tropezó durante décadas contra la oposición férrea de la Sociedad de Beneficencia, que regía la educación pública con fondos del Estado. Lo consiguió una década después de abandonar la presidencia de la República, en 1884. Tenía 73 años y le faltaban cuatro para morir. Una Feria del Libro estaba entonces más allá de los sueños de cualquiera de aquellos titanes. Ninguno de ellos habría estado ausente en una ceremonia que recuerda, año tras año, que está nación fue creada no por la espada sino por el libro: la civilización en el desierto infinito dejado por la barbarie. América latina entera se miró durante décadas en el espejo de nuestros libros: en los que escribíamos y en los que publicábamos. Recuerdo cuánto le admiraba a Gabriel García Márquez, en el invierno de 1967, que las librerías de Buenos Aires estuvieran abiertas hasta altas horas de la noche y que las amas de casa regresaran de los mercados con libros que se compraban como artículos de primera necesidad, junto con las lechugas y el pan de los almuerzos. Dondequiera que fui después en América latina, me encontré con hombres y mujeres que debían su formación a los libros y revistas de la Argentina. Tanto en Barranquilla como en La Habana o en Guadalajara y en Panamá, los libreros ni siquiera tenían tiempo de deshacer los paquetes que les llegaban desde Buenos Aires, porque los lectores se precipitaban ansiosos sobre aquellos volúmenes que les iluminaban el mundo. Los tiempos son ahora otros, y la miseria ocupa en muchos hogares el lugar que tenía antes el conocimiento. Las batallas de estos tiempos de globalización no se libran ya para conquistar nuevos lectores o para crearlos, sino para que el mercado no los deseduque, para que los lectores no pierdan la costumbre de ver el libro como un modo de verse también a sí mismos. Junto con océanos de informaciones por procesar y de libros por leer, la globalización ha engendrado a la vez abismos de desigualdad que antes eran imposibles de imaginar, porque lo que se globaliza es el mercado, no las personas. Una quinta parte de la población del mundo sigue sin tener acceso a forma alguna de educación, y más de los tres quintos restantes no pueden comprar libros, porque la comida, la vivienda y la ropa están primero en la lista básica de las familias y, con frecuencia, lo que se gana ni siquiera alcanza para eso. Mil quinientos millones de personas carecen hoy de agua potable y más de mil millones viven hacinadas en casas miserables, indignas de la condición humana. Mil millones de personas no saben leer ni escribir. En la Argentina, la educación obligatoria de Sarmiento es ahora una utopía más inalcanzable de lo que era hace siglo y medio. Innumerables chicos siguen sin poder ir a la escuela porque tienen que ayudar a ganar el pan de sus padres, y los que van no lo hacen para aprender sino para comer, porque a muchos de ellos la escuela les ofrece la única comida del día. Aun con recursos inferiores a los que harían falta, desde el Ministerio de Educación se ha emprendido ahora una campaña esperanzadora, tendiente a que cada niño tenga un libro. Sólo en 2005 se han invertido en esa campaña más de cien millones de pesos. Es apenas el comienzo, pero un comienzo mucho más luminoso que el páramo sin salida de las décadas anteriores, cuando, en vez de estimular la lectura, los libros se quemaban, ya fuera en las piras reales que se encendieron en algunos cuarteles, ya en las piras simbólicas de los años 90, cuando las bibliotecas fueron sustituidas por una larga fiesta analfabeta. Sería injusto no advertir la diferencia. Lamento que una agenda colmada de compromisos (supongo) no le haya permitido al presidente de la República estar ahora con nosotros, porque si bien han llegado hasta aquí algunos miembros de su gabinete, hay muy pocos actos, cada año, en que la presencia del jefe del Estado es insustituible. El de hoy es uno de esos actos, porque así lo enseñan la tradición y el destino de los argentinos. Esta celebración del libro tiene que ver con la nación que fuimos, pero, sobre todo, con la nación que queremos volver a ser: una nación de iguales, en la que todos tengan el mismo derecho a educarse y a vivir dignamente. "Las escuelas son la democracia", escribió Sarmiento. Fuimos fundados por el libro, no por la espada: lo repito. Fueron los libros los que inspiraron a Moreno, a Belgrano, a Sarmiento. La espada desbrozó el camino, pero el libro creó el camino. Sin el libro, ¿hacia qué clase de nación estaríamos yendo? ¿Sobre qué valores estaríamos construyendo los años por venir? Cuando el poder no lee, el poder no piensa. Las dictaduras militares se negaron a leer. Como los comandantes no leían, lo único que los afectaba era lo que oían. Y, por lo general, oían lo que querían. Con el poder iletrado, no hay diálogo posible: sólo obediencia y monosílabos. Después, durante los años en los que el país fue sometido a un voraz remate, el acto de pensar se volvió ineficaz e inútil. Para prosperar, ya no era preciso leer: es decir, no hacía falta pensar. Se impuso el hábito de la discusión frívola. En vez de debatir ideas, se debatían actos de viveza. ¡Cuánto nos ha costado salir de ese pantano en el que estábamos estancados, huérfanos del libro! ¡Cuánto puede costarnos todavía encontrar un proyecto de nación que nos una a todos! ¡Y qué difícil va a ser lograrlo si no entendemos, como tempranamente lo entendió Sarmiento, que educar al pueblo en la verdadera democracia es permitir que todos aprendan lo mismo para que, al menos en el caudal de oportunidades, todos sean iguales! El libro regresa ahora a lo que era en sus orígenes: una voz común que vamos creando día tras día. El conocimiento humano ha ido avanzado desde las narraciones en las cavernas a las discusiones en el ágora, y desde los manuscritos de los monjes y de los cortesanos a los tipos móviles de Gutenberg, y desde allí otra vez al ágora en la que todos participamos, a través de construcciones colectivas en la Red, como Wikipedia, esa inacabable enciclopedia a la que todas las culturas entregan su aportes, a través de weblogs o de novelas y poemas que se componen a cien manos. Ahora, como en el pasado, estamos escribiendo entre todos el infinito libro de la especie humana. Pero el libro tal como lo conocemos, es decir, el objeto rectangular de cartón o tela o cuero, dentro del cual hay hojas de papel cubiertas de signos, perdurará y prevalecerá durante mucho tiempo todavía, porque siempre habrá alguien que prefiera una relación de intimidad con un autor de esa manera, a través de las páginas que van cobrando vida mientras se abren. Sea cual fuere la forma que asuma, "la inextinguible voz humana sigue hablando", tal como lo dijo William Faulkner en su discurso del premio Nobel. "La inextinguible voz humana no sólo perdurará, sino también prevalecerá, porque tiene un alma que se expresa en el libro, un espíritu capaz de compasión, y de sacrificio, y de persistencia." El libro es como el agua. Se le imponen cerrojos y diques, pero siempre termina abriéndose paso. La adversidad parece fortalecerlo. Aun en los peores tiempos, las ideas que después se transformaron en palabras han soslayado las censuras y las mordazas para cantar cuatro verdades y seguir siendo incorruptibles e insumisas cuando a su alrededor todos callan, se someten y se corrompen. Ni el odio de los bárbaros ni la intolerancia de los injustos han podido destruir el libro, porque su memoria es también la memoria de la especie humana. He dicho ya que esta nación es hija del libro antes que hija de sus batallas. Es hija del mandato que Sarmiento dejó hace siglo y medio, "Las escuelas son la democracia", gracias al cual, aun en medio del infortunio, mantuvimos en alto la memoria de nuestra pasada dignidad y la certeza de que tarde o temprano íbamos a recuperarla. El libro nos ha salvado. Salvemos ahora nosotros al libro de la indiferencia de los que mandan, de la ceguera de los que creen que es posible vivir sin él, de la estupidez de los que imaginaron que acabarían con él quemándolo o prohibiéndolo. Salvemos al libro, porque en el libro ha estado siempre lo mejor de nosotros. © LA NACION Por Tomás Eloy Martínez Para LA NACION
Thursday, April 06, 2006
Sobre escritores
La verdad que no entiendo a los escritores que pueden estar una pagina entera para describir la mano de un personaje. Pareceria que es eso lo que muestra lo buenos que son, el vocabulario y la prosa, pero francamente, no es un tanto aburrido? Necesitan mostrar erudicion o tienen que cumplir con determinada cantidad de palabras para el editor?
En el proximo post voy a poner un ejemplo de lo que me refiero.
En el proximo post voy a poner un ejemplo de lo que me refiero.
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